Nada más despertar, la banda de estorninos encaminaba su
vuelo hacia la charca para calmar su sed. Una vez allí, entre silbidos,
chasquidos y cantos, intentaban ponerse de acuerdo para ver donde irían a
comer.
Normalmente, en primavera y verano solían dirigirse a los
campos con cerezos, higueras o moras, mientras que en otoño e invierno,
buscaban su comida en los olivares, viñas y zonas con caquis.
Pero había ocasiones en las que los frutos aún no estaban
maduros y tenían que buscar en tierras de labor, huertos o entre el ganado.
Aquel día, un estornino que tenía fama de valiente, propuso
ir a un terreno donde el día anterior, habían sembrado guisantes.
- Ayer –dijo –un señor estaba plantando unos guisantes que
tienen que estar muy tiernos. Podemos ir allí y cogerlos. Sólo hay que escarbar
un poco con el pico y a comer.
- Pero… -interrumpió otro estornino que era algo menos osado
- ¿Y si está por allí el hortelano? Nos puede tirar una piedra para espantarnos
y hacernos daño.
- Ja ja ja – rio el valiente –Ese señor estará en su casa. O
crees que va a estar en el huerto esperando a que nazcan. Vamos toda la banda y
en poco tiempo hemos desayunado todos.
Así que dicho y hecho. De pronto, el cielo se cubrió de una
brillante nube de gotitas que esparció el grupo de estorninos al alzar su vuelo.
El negro de sus plumas, se mezcló con el rosa de sus patas y el amarillo de sus
picos a la vez que silbaban y cantaban sin parar. Sin duda, se notaba que
estaban por allí, eran muy escandalosos.
Uno tras otro, formando una gran bola, encaminaron su vuelo
hacia el sembrado de guisantes. Pero, cuando llegaron al lugar, descubrieron
con asombro que allí, seguía el señor. Justo en el centro del campo de
guisantes se encontraba con sus brazos bien abiertos y un gorro de paja para
que el Sol, no de quemase. Así que decidieron parar en un almendro cercano para
ver que hacían.
- ¿No decías que no estaría el agricultor? –reprochó el
pájaro menos osado –Pues ahí está y con lo poco que se mueve, para mí que no
tiene prisa por irse.
- Pues no lo entiendo amigos –se excusó –No debería estar
aquí. Ayer lo sembró todo y lo lógico es que se hubiese marchado a su casa. A
lo mejor sospechaba de nosotros. Esperemos a ver qué hace.
Aquel hombre con gorro de paja y brazos en cruz, era el señor
espantapájaros. Desde el centro del sembrado, vigilaba para que los pájaros no
se comieran los guisantes. Tenía una chaqueta de color rojo con algunos
remiendos, unos pantalones azules y una cuerda por cinturón. Su cuerpo estaban
relleno de paja y su cabeza era una redonda calabaza. Dos botones negros, eran
sus ojos y un rotulador de color rosa, había pintado su boca y sus mejillas.
Sobre la calabaza, una peluca rubia hecha con mazorcas de maíz secas, hacía que
pareciera que tenía una bonita melena bajo su gorro de paja.
-Yo creo que esto es muy raro –protestó el estornino valiente
–llevamos aquí más de una hora y no se ha movido del sitio. Quizás esté
dormido. Yo voto porque bajemos rápido y nos comamos todos los guisantes que
podamos.
Aunque algunos no estaban seguros, el hambre apretaba y
decidieron bajar. Cuando estaban ya cerca del suelo, una ráfaga de aire hizo
que la chaqueta roja del señor Espantapájaros se moviese con insistencia,
haciendo que el grupo abandonara el lugar y se marchara hacia otro lugar para
alimentarse.
Aunque los espantapájaros no son personas en realidad y no
pueden moverse, a veces el viento se alía con ellos y parece dotarlos de vida.
Incluso ese día, el señor Espantapájaros parecía sonreír por haber conseguido
que los pájaros, no se comieran los guisantes que con tanto mimo había sembrado
el hortelano.

Mira por donde, en esta ocasión el espantapájaros cumplió su función. Vivo cerca de un colegio en el que hay un gran jardín, que utilizan todos los días, sobre todo en el verano, miles de estorninos, por lo que el espectáculo de ver las grandes bandadas al atardecer volviendo de sus lugares de " pastoreo ", está asegurado.
ResponderEliminarSaludos
Cierto, es todo un espectáculo!!!
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