Junto al borde del camino, en una planta de malva de flores rosas, vivía Juanita, la mariquita.
Estaba segura de que en
el mundo, no había ningún animal más bello que ella. Los pájaros de vistosos
plumajes como el abejaruco o el jilguero, eran muy bonitos, sí, pero en cuanto
caían cuatro gotas de agua, sus plumas se volvían feas. En cambio, a ella no le
ocurría ese contratiempo, pues su precioso caparazón anaranjado, salpicado de
elegantes motas negras como el azabache, siempre estaba brillante y precioso.
Ella tenía dos
antenitas la mar de elegantes y coquetas. Con el resto de animales ni se
comparaba, pues sólo las aves le parecían un poquito bellas. Pero como ella,
nadie.
Y pintándose las uñas,
veía pasar a sus vecinos desde su planta de malva y a todos les dedicaba unas
palabras: -Caracol, caracol, ¿dónde vas con tanta prisa? Ja ja ja –se burló.
El caracol paró su
lenta marcha y le dijo con tono serio –No deberías burlarte de los demás.
Ja ja ja –continuaba
riendo –pero ¿dónde vas con esa bola todo el día a la espalda?
-Es mi casita, viene
conmigo y en ella me refugio. –Contestó el caracol
Vaya tontería. Bueno,
continúa que no tengo tiempo para perderlo hablando contigo.
Al cabo del rato, un
saltamontes verde como una lechuga apareció dando saltos sin parar.
-Saltamontes,
saltamontes ¿dónde has dejado la pértiga? Ja ja ja –se burló. –Teniendo alas y
vas pegando saltos. No me lo explico.
-Señorita mariquita –le
contestó algo molesto pero acostumbrado a su carácter burlón –un insecto
volando es presa fácil, sobre todo para los pájaros, que vuelan mejor. Así que
si voy dando saltos, puedo confundirlos y escapar.
- Ya, pero son tan
feas esas patas con esos pelos. Uff, es terrible –le contestó.
El saltamontes no
quiso perder el tiempo y en un par de saltos desapareció entre la hierba.
Continuaba la
mariquita dándose un tratamiento de belleza a base de polen de malva, mientras
tatareaba una cancioncilla cuando de repente, exclamo: -Por favor, ¿eso qué es?
Vaya animal más feo, con esas púas. ¡Parece un cactus! Ja j aja.
El señor erizo,
bastante ofendido, le contestó: -Prefiero no ser una belleza y estar protegido.
Cuando hay un peligro, me enrosco y ya no tengo miedo de nada, en cambio tú…
-Siga usted que no me
interesa su charla. –Le interrumpió la mariquita mientras continuaba con su
canturreo.
Como llevaba un buen
rato sin pasar nadie por delante de ella y se aburría, decidió molestar al
grillo que tranquilo estaba liado con su cri-crí a la puerta de su cueva. –Con lo
mal que cantas y la cabeza tan grande que tienes, no me extraña que vivas
dentro de un agujero. Ja ja ja –dijo en alto para que le oyera.
El grillo, cortó su
cri-crí. –Muy llamativa eres tú y muy a la vista estás. Prefiero ser como soy y
tener donde refugiarme.
Como siempre, cuando
algo no le interesaba o no lo quería oír, mandaba continuar a los demás para
que la dejaran tranquila.
A la mañana siguiente,
amaneció con unos nubarrones muy negros y no tardó en comenzar a llover. Eran tan
grandes las gotas que caían, que las hojas de la malva no podían resguardar a
la mariquita y como pudo, intentó buscar refugio en otro lado. En ese momento,
pensó en lo bien que estarían el caracol y el grillo dentro de sus casitas. Al
alzar el vuelo, una gota golpeó sus frágiles alas dejándolas completamente
mojadas y haciéndola caer al suelo. Fue en ese momento cuando se acordó del
saltamontes, que gracias a sus feas pero potentes patas, podía buscar dando
saltos un lugar adecuado para refugiarse.
El agua comenzó a
formar pequeños riachuelos que para ella, debido a su pequeño tamaño, parecían
grandes ríos que arrastraban su débil cuerpecillo. Pero, cuando pensó que ya
todo estaba perdido, el señor erizo la recogió con una de sus patitas y la puso
a salvo.
Cuando todo pasó, y al
día siguiente apareció el Sol brillante, la mariquita volvió a subir a su
planta de malva y llamó la atención de sus vecinos, pero en esta ocasión no se
burló de ellos, sino que agradeció la ayuda al señor erizo y se disculpó con
los demás. Desde entonces, nunca más volvió a reírse de nadie y comprendió que
cada uno es como es y todos tienen su encanto.

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