LOS ANIMALES EN LA CULTURA POPULAR DE LA PENÍNSULA IBÉRICA

LOS ANIMALES EN LA CULTURA POPULAR DE LA PENÍNSULA IBÉRICA

En este blog, puedes encontrar algunos fragmentos de nuestra cultura popular relacionada con los animales de la Península Ibérica. Así mismo, espero tu colaboración con aportes de aquello que conozcas sobre el tema. Refranes, dichos, leyendas, mitos, poesía, canciones... serán incluidos en la reedición de mi libro Las aves ibéricas en la cultura popular.

domingo, 29 de marzo de 2020

LOS CACHORRITOS DE MAMÁ GINETA



Mamá gineta decidió, que ya iba siendo hora de enseñar a sus pequeños como era el bosque donde vivían y aquella noche de luna llena, le pareció ideal. Sus tres cachorros, habían estado acurrucados desde que nacieron en el interior de un viejo tronco de álamo. Pasaban el día durmiendo y la noche, esperando a que mamá regresara de buscar comida para poder tomar un poquito de leche. De vez en cuando, haciendo un gran acto de valor, alguno asomaba su cabecilla por el hueco del tronco, pero rápidamente se volvía a la seguridad de su casita.
Aquella noche, su madre salió antes de lo habitual. Quiso preparar el camino por donde llevaría a sus pequeños y quería estar segura de que no habría ningún peligro. En su primera excursión, quería llevarles hasta la higuera que hay junto al arroyo, donde podrían encontrar sabrosos y dulces higos, bien rojos por dentro y cargados de miel. Una vez comprobado que no había ningún peligro, fue hasta su madriguera para despertarlos.
-¿Dónde están mis chiquitines? ¡Vamos! Hoy tengo una sorpresita para vosotros. Nos vamos de excursión.
Los pequeños, que estaban hechos una bola, comenzaron a desperezarse sin prisa. Sus largos bigotes se movían a la vez que la punta de su naricilla mientras sus pequeñas bocas, se abrían en largos bostezos.
-¡Venga, que se hace de día! –les dijo cariñosamente.
-Es que hace mucho frío y tenemos mucho sueño –contestó uno de ellos.
-¡Venga y no seáis holgazanes! Os aseguro que va a ser divertido.
Viendo que no iba a ser tarea fácil el sacarlos de la madriguera, preparó un plan que sabía que no podía fallar. Para ello, cogió un higo bien maduro, de esos que tienen mucha miel y huelen bien dulce y lo hizo pedacitos. Colocó los trozos formando un camino que empezaba a una cuarta de donde estaban acurrucados y se dirigía hacia la higuera, con la idea de que aquel aroma tan apetitoso, les hiciera salir.
Comenzó a moverse un poco la brisa y ese olorcillo rico se introdujo por la puerta de la madriguera. Al instante, sus naricillas comenzaron a moverse y la boca se les hizo agua. Poco a poco fueron abriendo los ojos y en un plis plas, estaban los tres asomados por el agujero del viejo álamo. Mamá gineta sonrió. Ella sabía que eso no podía fallar, como bien pudo comprobar ella cuando su madre, hizo lo mismo.
-Vaya, vaya. Parece que hay hambrecilla, ¿no?
-Sííí mami, tráenos un poquito de eso que huele tan bien.
-No, no. El que quiera comer, tiene que acompañarme hasta la higuera y allí podrá comer todos los que quiera. –Dijo aguantando la risa al ver sus caritas.
Aún hubo que esperar un poco para que se decidieran, pero aquel olor tan rico… Así que el más grande, hizo un pequeño esfuerzo y se aventuró por una rama que descendía desde la entrada. Al ver como se comía el primer trocito y como se relamía, las otras dos pequeñas ginetas le siguieron.
-¡Qué rico mami! –exclamaron los tres.
-Pues, seguidme que hoy lo vamos a celebrar comiéndonos todos los que queramos. Aunque tenéis que tener mucho cuidado y estar muy atentos, pues son muchos los peligros los que esconde el bosque cuando uno es pequeño como vosotros. Aunque vuestro pelo es gris y negro como la noche, y vuestras motas hacen que paséis desapercibidos, el búho tiene una vista magnífica y el zorro un gran olfato. Así que no os separéis de mí hasta que volvamos a la madriguera.
Y en fila india, encaminaron sus pasos hasta el lugar del arroyo donde se encontraba la higuera. Por encima de un grueso tronco de un árbol caído, cruzaron hasta la otra orilla y, caminando sobre un suave limo, fueron caminando entre las zarzamoras y rosales silvestres y los majuelos. Todo era nuevo para ellos. A veces, les llegaban olores que les resultaban muy apetitosos. Les recordaban a cuando su mami regresaba por la noche para darles la cena y venía impregnada de ellos. El bosque era maravilloso.
Por fin llegaron a la gran higuera y dieron cuenta de cuantos higos quisieron. Unos más duros, otros más dulces… Aprendieron que los que estaban en el suelo, eran los mejores pues habían caído por estar muy maduros. Fue la primera lección que aprendieron de mamá. Y tal y como llegaron, tomaron el camino de vuelta y regresaron hasta su reconfortante madriguera. Ahora, tenían sus barriguitas llenas y el sueño se apoderaba de ellos. Así que, tras dar un beso de buenas noches a su mamá, o mejor dicho, de buenos días, pues ellos se van a dormir cuando llega la mañana, se hicieron un rosquito y se quedaron profundamente dormidos.
Mamá gineta, con una tierna sonrisa en la cara, se echó a su lado y los abrigó con su reconfortante cuerpo.

2 comentarios:

  1. Debe ser bonito ver una familia de ginetas alimentándose todos juntos.
    Saludos

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  2. Yo no las he visto alimentándose, pero si las he visto jóvenes y son una monada

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