LOS ANIMALES EN LA CULTURA POPULAR DE LA PENÍNSULA IBÉRICA

LOS ANIMALES EN LA CULTURA POPULAR DE LA PENÍNSULA IBÉRICA

En este blog, puedes encontrar algunos fragmentos de nuestra cultura popular relacionada con los animales de la Península Ibérica. Así mismo, espero tu colaboración con aportes de aquello que conozcas sobre el tema. Refranes, dichos, leyendas, mitos, poesía, canciones... serán incluidos en la reedición de mi libro Las aves ibéricas en la cultura popular.

miércoles, 1 de abril de 2020

EL INCREIBLE VIAJE DE LAS AVES




Como cada año, en un claro de la montaña, una preciosa pradera rodeada de grandes bloques de piedra, se reunían tres aves. Rojo, el roquero, al que llamaban así por el color de su plumaje, Tordo, el mirlo negro y Zeta, el zorzal que vestía un traje de corazones.
Los tres pájaros tenían vidas diferentes, muy distintas, pero cada año quedaban en aquel claro, para compartir un rato de charla sobre las experiencias que habían vivido durante el año.
Rojo, pasaba todos los inviernos en el continente africano y cada inicio de primavera, volvía a la Península Ibérica para dar vida a una nueva generación. Zeta, lo hacía a la inversa. Él pasaba el invierno aquí, y cuando llegaba a su fin, tomaba rumbo hacia las tierras del norte. Tordo, no solía moverse de la pradera, así que esperaba aquella reunión con ilusión para estar informado de todo lo que ocurría en otros lugares del mundo.
Era mediado el mes de marzo, a punto de que la primavera entrara en el calendario de los humanos, cuando las tres aves se reunieron. Tras unos efusivos saludos al estilo pájaro, choque de plumas y reverencias con la cabeza, comenzaron a describir como había sido el año para cada uno.
-Bien, empezaré yo. –Dijo Rojo –Como sabéis, cada otoño parto para tierras africanas. He vivido cerca de los humanos durante un tiempo y he visitado sus campamentos en mi viaje. Pude compartir unas semanas con una tribu de hombres azules.
-¿Cómo nuestro roquero solitario? –interrumpió el mirlo.
-Sí. Ellos tienen turbantes de ese color y al final, su piel se vuelve azulada. Son pastores que viven en el desierto, y a pesar de la dureza de esa tierra, viven felices en familia. Más tarde, viajé hasta la tierra de los Tutsi, donde la danza forma parte importante en sus vidas. Saltan lanza en mano con cascabeles en los tobillos, mientras cubren sus cuerpos con elegantes túnicas de color rojo y adornos de piedras y hueso. Es una tierra dura que curtió su piel hasta hacerla más oscura, donde el agua es un tesoro y la vida, al llegar la noche, se hace en torno a una hoguera donde cuentan fantásticas historias.
-¡Qué interesante! –exclamaron sus compañeros.
Zeta, que pasaba la primavera y el verano en tierras del norte de Europa, sólo coincidía con su compañero Rojo unos días, porque cuando él llegaba, el zorzal marchaba de la Península en busca de zonas más frescas para reproducirse.
-Es curiosa la raza humana. Creo que en lo poco que se ponen de acuerdo, es con la música y el baile. Es cuando se muestran más nobles.
-Es posible –comentó el mirlo.
-En mi viaje por el norte, he visto a bailarines búlgaros danzando sobre brasas ardientes sin quemarse.
-¿En serio? –preguntó asombrado el roquero.
-Como te digo. A veces, llevaban a su amada a la espalda y cruzaban varios metros de carbones encendidos para demostrarle su amor, al ritmo de la música de su país. Como sabéis –prosiguió –los zorzales tenemos fama de tener un canto muy melodioso. Pues tendríais que oír como en Viena le arrancan notas a una caja con cuerdas a la que llaman violín. Se te ponen las plumas de punta. O como en Irlanda, donde a veces paso unos días, hacen sonar lo que ellos llaman gaita. Estoy con Rojo –comentó –es increíble la raza humana.
-¡Qué maravilla! –exclamó Tordo, el mirlo. –Creo que no puedo estar más de acuerdo con vosotros en que los humanos, se vuelven más nobles en torno a la música. Aquí, veo personas de rostros curtidos y manos encalladas que cuando cantan, hacen que hasta yo, que soy un buen tenor, tenga que bajar la cabeza. He visto a las mujeres hacer volar sus vestidos mientras giran al compás de las palmas. Es cierto, es una raza noble, pero creo que le queda mucho que aprender.
Tras ese intercambio de cultura entre los dos continentes, Zeta voló hacia el norte, mientras Rojo y Tordo compartieron espacio durante la primavera y el verano, esperando con ilusión el volverse a reunir para escuchar, las historias que cada uno habría vivido en el nuevo año.

2 comentarios:

  1. Es verdad lo del cuento; la música es lo único que une a los humanos, porque a todos nos gusta según sus preferencias o tradiciones.
    Muy bonito el cuento
    Saludos

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