Como cada año, en un
claro de la montaña, una preciosa pradera rodeada de grandes bloques de piedra,
se reunían tres aves. Rojo, el roquero, al que llamaban así por el color de su
plumaje, Tordo, el mirlo negro y Zeta, el zorzal que vestía un traje de
corazones.
Los tres pájaros
tenían vidas diferentes, muy distintas, pero cada año quedaban en aquel claro,
para compartir un rato de charla sobre las experiencias que habían vivido
durante el año.
Rojo, pasaba todos los
inviernos en el continente africano y cada inicio de primavera, volvía a la
Península Ibérica para dar vida a una nueva generación. Zeta, lo hacía a la
inversa. Él pasaba el invierno aquí, y cuando llegaba a su fin, tomaba rumbo
hacia las tierras del norte. Tordo, no solía moverse de la pradera, así que
esperaba aquella reunión con ilusión para estar informado de todo lo que
ocurría en otros lugares del mundo.
Era mediado el mes de
marzo, a punto de que la primavera entrara en el calendario de los humanos,
cuando las tres aves se reunieron. Tras unos efusivos saludos al estilo pájaro,
choque de plumas y reverencias con la cabeza, comenzaron a describir como había
sido el año para cada uno.
-Bien, empezaré yo. –Dijo
Rojo –Como sabéis, cada otoño parto para tierras africanas. He vivido cerca de
los humanos durante un tiempo y he visitado sus campamentos en mi viaje. Pude
compartir unas semanas con una tribu de hombres azules.
-¿Cómo nuestro roquero
solitario? –interrumpió el mirlo.
-Sí. Ellos tienen
turbantes de ese color y al final, su piel se vuelve azulada. Son pastores que
viven en el desierto, y a pesar de la dureza de esa tierra, viven felices en
familia. Más tarde, viajé hasta la tierra de los Tutsi, donde la danza forma
parte importante en sus vidas. Saltan lanza en mano con cascabeles en los
tobillos, mientras cubren sus cuerpos con elegantes túnicas de color rojo y
adornos de piedras y hueso. Es una tierra dura que curtió su piel hasta hacerla
más oscura, donde el agua es un tesoro y la vida, al llegar la noche, se hace
en torno a una hoguera donde cuentan fantásticas historias.
-¡Qué interesante!
–exclamaron sus compañeros.
Zeta, que pasaba la
primavera y el verano en tierras del norte de Europa, sólo coincidía con su
compañero Rojo unos días, porque cuando él llegaba, el zorzal marchaba de la
Península en busca de zonas más frescas para reproducirse.
-Es curiosa la raza
humana. Creo que en lo poco que se ponen de acuerdo, es con la música y el
baile. Es cuando se muestran más nobles.
-Es posible –comentó
el mirlo.
-En mi viaje por el
norte, he visto a bailarines búlgaros danzando sobre brasas ardientes sin
quemarse.
-¿En serio? –preguntó
asombrado el roquero.
-Como te digo. A
veces, llevaban a su amada a la espalda y cruzaban varios metros de carbones
encendidos para demostrarle su amor, al ritmo de la música de su país. Como
sabéis –prosiguió –los zorzales tenemos fama de tener un canto muy melodioso.
Pues tendríais que oír como en Viena le arrancan notas a una caja con cuerdas a
la que llaman violín. Se te ponen las plumas de punta. O como en Irlanda, donde
a veces paso unos días, hacen sonar lo que ellos llaman gaita. Estoy con Rojo
–comentó –es increíble la raza humana.
-¡Qué maravilla!
–exclamó Tordo, el mirlo. –Creo que no puedo estar más de acuerdo con vosotros
en que los humanos, se vuelven más nobles en torno a la música. Aquí, veo personas
de rostros curtidos y manos encalladas que cuando cantan, hacen que hasta yo,
que soy un buen tenor, tenga que bajar la cabeza. He visto a las mujeres hacer
volar sus vestidos mientras giran al compás de las palmas. Es cierto, es una
raza noble, pero creo que le queda mucho que aprender.
Tras ese intercambio
de cultura entre los dos continentes, Zeta voló hacia el norte, mientras Rojo y
Tordo compartieron espacio durante la primavera y el verano, esperando con
ilusión el volverse a reunir para escuchar, las historias que cada uno habría
vivido en el nuevo año.

Es verdad lo del cuento; la música es lo único que une a los humanos, porque a todos nos gusta según sus preferencias o tradiciones.
ResponderEliminarMuy bonito el cuento
Saludos
Muchas gracias Pini!!
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