LOS ANIMALES EN LA CULTURA POPULAR DE LA PENÍNSULA IBÉRICA

LOS ANIMALES EN LA CULTURA POPULAR DE LA PENÍNSULA IBÉRICA

En este blog, puedes encontrar algunos fragmentos de nuestra cultura popular relacionada con los animales de la Península Ibérica. Así mismo, espero tu colaboración con aportes de aquello que conozcas sobre el tema. Refranes, dichos, leyendas, mitos, poesía, canciones... serán incluidos en la reedición de mi libro Las aves ibéricas en la cultura popular.

lunes, 6 de abril de 2020

LA COLECCIONISTA DE BRILLANTES




Un buen día, de esos de primavera en que muchas aves ya están criando o están construyendo sus nidos, ocurrió algo que a la señora granjera, Concha, le sorprendió muchísimo. El día anterior, se le había caído un florero de porcelana azul y como era tarde, dejó para el día siguiente la tarea de recogerlo. Cuando despertó, fue a retirar los trocitos pero no encontró ninguno. Entonces fue hasta el dormitorio de su marido, Martín.
-Cariño, ¿tú has barrido los cristales del florero que rompí anoche?
-¿Yo? –Preguntó extrañado –No me he levantado de la cama hasta ahora. -¿No los recogiste tú? Yo te vi.
-Tan sólo recogí los trozos más grandes, los chicos los dejé para barrerlos hoy por la mañana, pero no están.
-Habrán volado con el viento de la noche. –Le quitó importancia el marido. –¿Tomamos un café?
-Pues sí, no tiene importancia. Sólo que me ha extrañado.
La mañana pasó como de costumbre. Ambos fueron a ordeñar a sus cabritas, a dar de comer a los caballos y a recoger los huevos de las gallinas. Mientras Martín se acercó al huerto, para recoger unos guisantes y unas habas para preparar el almuerzo, Concha se retiró para hacer otras labores en la casa. De pronto, se dio cuenta que faltaban los sombreritos plateados de dos muñecas que tenía sobre la cómoda del dormitorio.
Aquello era muy raro. Rebuscó por el suelo por si el aire que hubiera entrado por la ventana los hubiese podido tirar, pero no encontró nada.
-¡Martín! –Llamó al marido –Esto es muy raro. Faltan los sombreritos de las muñequitas del dormitorio.
El marido, quitándole importancia, intentó darle de nuevo la explicación del viento.
-Sí, lo he pensado, pero estarían por el suelo. Esto es muy raro. –Y girando sobre sus tacones, dirigió su mirada hasta su joyero. –Martín, ven por favor.
-¿Qué te ocurre ahora? ¿Qué no encuentras ahora? –Preguntó el marido.
-Pues que no encuentro los pendientes de piedrecitas azules que me regalaste. Aquí ha entrado alguien y han robado.
-Vamos a ver –Martín intentó tranquilizar a su esposa. –Si hubiese entrado un ladrón, se habría llevado tu collar de perlas que tienes también en el joyero, y sin embargo, está ahí. Seguramente los habrás puesto en otro lado.
Y diciendo esto, sonó la puerta –Toc toc toc –Y asomando la cabeza saludó Beltrán, el pastor.
-¡Ay Beltrán! –Se quejó Concha –Martín dice que no, pero yo creo que alguien ha entrado en nuestro dormitorio y nos ha robado.
Y tras contarle todo al pastor, éste se echó a reír. –Ja ja ja, eso han sido las urracas.
-¿Las urracas? –Preguntaron extrañados los dos.
-¡Exacto! Son muy aficionadas a llevarse cositas que brillan a su nido y si son azules, más aún.
-Pero… ¿Para qué las quieren?
-Bueno, tienen esa manía. Mira, tengo un anillo que nos va a servir de cebo y así las seguiremos hasta su nido y podremos recuperarlo junto a vuestras cositas. –Les dijo Beltrán con una sonrisa en la cara.
Así que colocaron el anillo sobre la mesa y se escondieron para vigilar.
Al cabo de un ratito, apareció una urraca preciosa, con su plumaje blanco y negro. Se dirigió a la mesa del jardín donde habían colocado el anillo y con la ayuda de su pico, lo cogió y se lo llevó hasta el nido.
Beltrán, Concha y Martín se acercaron hasta donde la urraca tenía su casita y efectivamente, allí estaban todas las cosas brillantes que habían desaparecido de la casa junto al anillo del pastor.
Concha y Martín quedaron con la boca abierta mientras Beltrán colocaba de nuevo el anillo de su dedo. –Pero no lo entiendo, ¿por qué se las han llevado?
Y Beltrán, de nuevo con una amplia sonrisa en la cara y quitándole importancia les dijo: -Será porque al igual que vosotros, las urracas tienen muy buen gusto.
Y los tres echaron a reír.

1 comentario:

  1. Jajaja creo que mañana vamos a poner un azulado tesoro en la parcela, para observar quién es la más osada de la familia de Urracas que tenemos rondando.
    Así son ellas, qué bien narrado, Antonio!
    Un saludo de 'Ojolince y Sra.'

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