Un buen día, de esos
de primavera en que muchas aves ya están criando o están construyendo sus
nidos, ocurrió algo que a la señora granjera, Concha, le sorprendió muchísimo.
El día anterior, se le había caído un florero de porcelana azul y como era
tarde, dejó para el día siguiente la tarea de recogerlo. Cuando despertó, fue a
retirar los trocitos pero no encontró ninguno. Entonces fue hasta el dormitorio
de su marido, Martín.
-Cariño, ¿tú has
barrido los cristales del florero que rompí anoche?
-¿Yo? –Preguntó
extrañado –No me he levantado de la cama hasta ahora. -¿No los recogiste tú? Yo
te vi.
-Tan sólo recogí los
trozos más grandes, los chicos los dejé para barrerlos hoy por la mañana, pero
no están.
-Habrán volado con el
viento de la noche. –Le quitó importancia el marido. –¿Tomamos un café?
-Pues sí, no tiene
importancia. Sólo que me ha extrañado.
La mañana pasó como de
costumbre. Ambos fueron a ordeñar a sus cabritas, a dar de comer a los caballos
y a recoger los huevos de las gallinas. Mientras Martín se acercó al huerto,
para recoger unos guisantes y unas habas para preparar el almuerzo, Concha se
retiró para hacer otras labores en la casa. De pronto, se dio cuenta que
faltaban los sombreritos plateados de dos muñecas que tenía sobre la cómoda del
dormitorio.
Aquello era muy raro. Rebuscó
por el suelo por si el aire que hubiera entrado por la ventana los hubiese
podido tirar, pero no encontró nada.
-¡Martín! –Llamó al
marido –Esto es muy raro. Faltan los sombreritos de las muñequitas del
dormitorio.
El marido, quitándole
importancia, intentó darle de nuevo la explicación del viento.
-Sí, lo he pensado,
pero estarían por el suelo. Esto es muy raro. –Y girando sobre sus tacones,
dirigió su mirada hasta su joyero. –Martín, ven por favor.
-¿Qué te ocurre ahora?
¿Qué no encuentras ahora? –Preguntó el marido.
-Pues que no encuentro
los pendientes de piedrecitas azules que me regalaste. Aquí ha entrado alguien
y han robado.
-Vamos a ver –Martín intentó
tranquilizar a su esposa. –Si hubiese entrado un ladrón, se habría llevado tu
collar de perlas que tienes también en el joyero, y sin embargo, está ahí.
Seguramente los habrás puesto en otro lado.
Y diciendo esto, sonó
la puerta –Toc toc toc –Y asomando la cabeza saludó Beltrán, el pastor.
-¡Ay Beltrán! –Se quejó
Concha –Martín dice que no, pero yo creo que alguien ha entrado en nuestro
dormitorio y nos ha robado.
Y tras contarle todo
al pastor, éste se echó a reír. –Ja ja ja, eso han sido las urracas.
-¿Las urracas? –Preguntaron
extrañados los dos.
-¡Exacto! Son muy
aficionadas a llevarse cositas que brillan a su nido y si son azules, más aún.
-Pero… ¿Para qué las
quieren?
-Bueno, tienen esa
manía. Mira, tengo un anillo que nos va a servir de cebo y así las seguiremos
hasta su nido y podremos recuperarlo junto a vuestras cositas. –Les dijo Beltrán
con una sonrisa en la cara.
Así que colocaron el
anillo sobre la mesa y se escondieron para vigilar.
Al cabo de un ratito,
apareció una urraca preciosa, con su plumaje blanco y negro. Se dirigió a la
mesa del jardín donde habían colocado el anillo y con la ayuda de su pico, lo
cogió y se lo llevó hasta el nido.
Beltrán, Concha y
Martín se acercaron hasta donde la urraca tenía su casita y efectivamente, allí
estaban todas las cosas brillantes que habían desaparecido de la casa junto al
anillo del pastor.
Concha y Martín
quedaron con la boca abierta mientras Beltrán colocaba de nuevo el anillo de su
dedo. –Pero no lo entiendo, ¿por qué se las han llevado?
Y Beltrán, de nuevo
con una amplia sonrisa en la cara y quitándole importancia les dijo: -Será
porque al igual que vosotros, las urracas tienen muy buen gusto.
Y los tres echaron a reír.

Jajaja creo que mañana vamos a poner un azulado tesoro en la parcela, para observar quién es la más osada de la familia de Urracas que tenemos rondando.
ResponderEliminarAsí son ellas, qué bien narrado, Antonio!
Un saludo de 'Ojolince y Sra.'