Andaban un grupo de
pájaros comentando las cosas que pasaban en sus bosques. Estaban los
arrendajos, las currucas, los picapinos los carboneros y los petirrojos
enfrascados en una animada discusión.
-Yo no sé por qué se
empeñan los humanos en talar los árboles viejos de los bosques y por qué
retiran la madera muerta - comentó el carbonero.
-Tampoco lo entiendo
yo -reprochó el picapinos. -En algunos bosques del norte, está prohibido
retirar esos troncos muertos. Son refugio de muchos animales y el lugar
perfecto para ir a buscar comida los que nos alimentamos de gusanos y
escarabajos.
-Desde luego -Comentó
el petirrojos que solía ir a esas despensas a buscar comida para su prole.
-Y qué me dices de
nosotros, los carboneros, que hacemos los nidos en los huecos que hay en los
viejos robles. Cada vez es más complicado, pues tenemos que competir con otras
aves y no tenemos sitio.
-Es verdad
-protestaron a la vez la curruca y el arrendajos. - Nosotros no criamos en
agujeros, hacemos un nido con ramitas, pero es que cada vez quedan menos
lugares. Porque las zarzas y los arbustos también se están perdiendo. Y luego
quien busca moras y gusanos para comer.
Mamá herrerillo, prima
hermana del carbonero, escuchaba desde una rama cercana pensando que aquello
era un gravísimo problema. Ella también criaba en huecos y aún no tenía ninguno
para criar a sus polluelos.
-Bueno -interrumpió el
carbonero -os dejo que hace unos días encontré un huequecito en el viejo olmo
junto al arroyo y mi señora ha puesto ya 6 ó 7 huevos. Esperemos que esto se
solucione.
Mamá herrerillo, que
había estado atenta a todo, se adelantó al carbonero y se dirigió hacia el
viejo olmo, y en un descuido de su señora, colocó uno de sus preciados huevos
junto a los que ella estaba empollando. Se marchó muy triste, pues ya nunca más
sabría de su polluelo, pero si quería que tuviera una oportunidad, lo tendría
que hacer así.
Pasaron los días, y los
pajarillos rompieron el cascarón. Eran pequeñas bolitas envueltas en plumón,
que no paraban de abrir sus piquitos para pedir comida. A medida que pasaban
los días, mamá carbonero se estaba dando cuenta que uno de sus polluelos era
diferente al resto. Era bastante parecido, pero era mucho más pequeño que el
resto. Así que cada vez que repartía la comida, siempre le daba a él un poquito
más para ver si crecía. Poco a poco, fueron vistiendo sus cuerpecillos con
preciosas plumas amarillas y azuladas hasta que comenzaron a salir fuera de su
confortable huequecito para aprender a volar.
-¡Vamos chicos! –les
animaban mamá y papá carbonero –Tenéis que aprender a volar para poder visitar
todos los rincones de este maravilloso bosque.
Así que, uno a uno,
con un total de doce polluelos, fueron saliendo.
Desde un árbol
cercano, mamá herrerillo pasaba cada día un ratito para ver si podía ver a su
pequeño. Y aquel día de primavera, lo vio salir del huequecito en quinto lugar.
Su hijito ahora era un precioso herrerillo de elegantes plumas azules y
amarillas. Toda emocionada, secó con las plumas sus ojos.
La señora carbonero,
que siempre había sospechado, vio el diseño del plumaje de su pequeño y el de
su prima la herrerilla y lo comprendió todo.
Con mucho cariño, se
acercó a su hijo, el más pequeñín y con voz amable le dijo al oído: -¿Ves en
aquel árbol a nuestra prima la señora herrerilla? Anda, acércate y le das un
beso. Tú no lo sabes, pero ella te quiere mucho.
El pequeño pajarillo,
hizo su primer vuelo desde el viejo olmo hasta aquel árbol cercano y se
presentó: -Soy José Manuel, el carbonero, me ha dicho mi mami que viniera a
darte un beso.
La herrerilla lo
abrazó con lágrimas en los ojos al tiempo que saludaba con su ala a su prima la
señora carbonero.
Después de un rato le
dijo al pequeño: -Bueno, ve con tus hermanos y obedece a tus padres para que te
conviertas en un…-dudó un momento –en un carbonero de bien.
Y con la dificultad de
los primeros vuelos, volvió con su familia, mientras la herrerilla se marchó
con la tranquilidad de que su pequeño, había sido criado con mimo y ahora era
un precioso jovenzuelo.

Desde luego, imaginación no te falta para tus cuentos. Precioso
ResponderEliminarsaludos
gaciassss!! Cada vez cuesta más
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