LOS ANIMALES EN LA CULTURA POPULAR DE LA PENÍNSULA IBÉRICA

LOS ANIMALES EN LA CULTURA POPULAR DE LA PENÍNSULA IBÉRICA

En este blog, puedes encontrar algunos fragmentos de nuestra cultura popular relacionada con los animales de la Península Ibérica. Así mismo, espero tu colaboración con aportes de aquello que conozcas sobre el tema. Refranes, dichos, leyendas, mitos, poesía, canciones... serán incluidos en la reedición de mi libro Las aves ibéricas en la cultura popular.

viernes, 3 de abril de 2020

EL AVARO Y LAS HORMIGAS



Junto a un gran almacén de semillas, había un descampado de tierra sin labrar y lleno de hierba seca por todas partes. En el centro había desde hacía muchos años un hormiguero de trabajadoras hormigas.
Cada año, cuando llegaba el verano, llevaban toneladas de pipas de girasol al almacén, y como no cabían todas dentro de sus instalaciones, dejaban una parte en el descampado donde estaba el hormiguero. Para los pequeños insectos, aquello era recibido como un grandísimo regalo, pues era una gran oportunidad para llenar su despensa y así poder pasar bien el invierno.
-¡Compañeras! ¡Compañeras! –gritó una de las hormigas encargadas de la vigilancia. –Un gran camión está descargando pipas en el descampado.
-¡Biennnnnn! ¡Yupiiiii! –Exclamaron todas sus compañeras.
Y todas a una, se pusieron manos a la obra para hacer un caminito que fuera desde su casita hasta el gran montón de semillas. Debían limpiar de hierbas muy bien todo el recorrido  para que después, no les estorbaran cuando fueran cargadas. Y mientras las obreras limpiaban el sendero, las hormigas soldado se habían acercado hasta el gran montón de pipas para que todo fuera seguro y pudieran trabajar más cómodamente.
Todas felices y con el caminito despejado, comenzaron como cada año con aquella tarea, que como siempre, lo hacían cantando una cancioncilla para hacer el trabajo más llevadero.

“Vamos al montón a por las pipas,
que después llevaremos a casita,
para que en invierno,
no nos falte comidita,
lara lara larita”

Normalmente, de aquel montón de toneladas, cogían un par de kilitos. Con esa cantidad tenían bastante, pues durante la primavera y la primera parte del verano, habían recolectado sin descanso trigo sarraceno y semillas de avena. Pero el dueño de aquel almacén era un señor muy avaro y cada año, buscaba la manera de impedir que las hormigas pudieran recoger aquella pequeñísima cantidad de pipas de su gran montón.
Así que cuando estaban empezando a recolectarlas, mandó a uno de sus trabajadores a hacer una zanjita alrededor del montón para llenarla de agua y así, evitar que las hormigas pudieran pasar. Pero sólo les bastó unos minutos a las hormigas soldado, para inventar una solución. Tomaron ramitas con sus poderosas mandíbulas e hicieron unos puentecillos por donde sus compañeras comenzaron a transportar su preciada mercancía. Y volvían a cantar:

“Por encima de unas ramitas,
vamos cantando a por pipas,
que después llevaremos a casita,
para que en invierno,
no nos falte comidita,
lara lara larita”

Alertado el señor avaro por sus trabajadores, hizo que cavaran la zanja más profunda, más ancha y con más agua. Y con una malvada sonrisa comentó -¡A ver si ahora hacen un puentecito las hormigas. Ja ja ja –Y rio profundamente.
Pero como era tan mala persona, quiso reírse de los pequeños insectos y les preparó una prueba que según él, no serían capaces de superar.
Así que pinchó cuatro hierros en el suelo, sobre estos colocó un cristal y sobre él dejó tres kilos de pipas. Entonces, les dijo a sus trabajadores: -Sentaos junto a mí, veréis como no son capaces de coger ni una sola pipa ja ja ja.
-¿Y qué pasa si son capaces de coger las pipas? -Preguntó el que había cavado la zanja.
-Si son capaces –respondió muy serio el señor avaro –cada año les dejaré yo mismo esa cantidad, los tres kilos de pipas junto a la puerta de su hormiguero.
Cuando las hormigas vieron que aquella zanja era imposible de cruzar, empezaron a buscar la forma de hacerlo y en su búsqueda descubrieron el montón de pipas que se veían a través del cristal. En un visto y no visto, comenzaron a trepar por los cuatro hierros para llegar hasta las semillas, pero cuando tocaban el cristal, resbalaban y caían.
-Ja ja ja –Reía el avaro –Mira como caen. Éstas no vuelven a coger una pipa de mi montón.
Entonces fue cuando hicieron gala de su inteligencia y las hormigas soldado, más grandes y de mandíbulas más poderosas, llenaron de barro sus patitas para que con cuidado pudieran pasar por el cristal bocabajo sin resbalar. Al dueño del almacén se le abrió la boca de asombro, aunque aún reía. –Así les llevará un año, porque después de todo este tiempo sólo han subido cinco hormigas ja ja ja.
Pero lo mejor estaba por llegar. Dos docenas de hormigas soldado consiguieron subir hasta donde se encontraban las semillas y comenzaron a arrojarlas desde arriba hasta el suelo. Allí, las obreras las iban recogiendo y cargadas sobre su espalda, las iban trasladando hasta su casita.
Ahora eran los trabajadores del señor avaro los que reían –Qué, no había contado usted con su inteligencia y con el trabajo en equipo ¿verdad? Ja ja ja .
El dueño del almacén, agachó la cabeza y reconoció que había perdido la apuesta y que aquellas listísimas y trabajadoras se merecían tener aquellas pipas. Desde entonces, se convirtió en una persona generosa, pues aprendió la lección y cada año, al llegar los camiones con las semillas, les dejaba los tres kilos prometidos a las puertas del hormiguero.

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