LOS ANIMALES EN LA CULTURA POPULAR DE LA PENÍNSULA IBÉRICA

LOS ANIMALES EN LA CULTURA POPULAR DE LA PENÍNSULA IBÉRICA

En este blog, puedes encontrar algunos fragmentos de nuestra cultura popular relacionada con los animales de la Península Ibérica. Así mismo, espero tu colaboración con aportes de aquello que conozcas sobre el tema. Refranes, dichos, leyendas, mitos, poesía, canciones... serán incluidos en la reedición de mi libro Las aves ibéricas en la cultura popular.

jueves, 26 de marzo de 2020

EL ESPANTAPÁJAROS Y LOS ESTORNINOS



Nada más despertar, la banda de estorninos encaminaba su vuelo hacia la charca para calmar su sed. Una vez allí, entre silbidos, chasquidos y cantos, intentaban ponerse de acuerdo para ver donde irían a comer.
Normalmente, en primavera y verano solían dirigirse a los campos con cerezos, higueras o moras, mientras que en otoño e invierno, buscaban su comida en los olivares, viñas y zonas con caquis.
Pero había ocasiones en las que los frutos aún no estaban maduros y tenían que buscar en tierras de labor, huertos o entre el ganado.
Aquel día, un estornino que tenía fama de valiente, propuso ir a un terreno donde el día anterior, habían sembrado guisantes.
- Ayer –dijo –un señor estaba plantando unos guisantes que tienen que estar muy tiernos. Podemos ir allí y cogerlos. Sólo hay que escarbar un poco con el pico y a comer.
- Pero… -interrumpió otro estornino que era algo menos osado - ¿Y si está por allí el hortelano? Nos puede tirar una piedra para espantarnos y hacernos daño.
- Ja ja ja – rio el valiente –Ese señor estará en su casa. O crees que va a estar en el huerto esperando a que nazcan. Vamos toda la banda y en poco tiempo hemos desayunado todos.
Así que dicho y hecho. De pronto, el cielo se cubrió de una brillante nube de gotitas que esparció el grupo de estorninos al alzar su vuelo. El negro de sus plumas, se mezcló con el rosa de sus patas y el amarillo de sus picos a la vez que silbaban y cantaban sin parar. Sin duda, se notaba que estaban por allí, eran muy escandalosos.
Uno tras otro, formando una gran bola, encaminaron su vuelo hacia el sembrado de guisantes. Pero, cuando llegaron al lugar, descubrieron con asombro que allí, seguía el señor. Justo en el centro del campo de guisantes se encontraba con sus brazos bien abiertos y un gorro de paja para que el Sol, no de quemase. Así que decidieron parar en un almendro cercano para ver que hacían.
- ¿No decías que no estaría el agricultor? –reprochó el pájaro menos osado –Pues ahí está y con lo poco que se mueve, para mí que no tiene prisa por irse.
- Pues no lo entiendo amigos –se excusó –No debería estar aquí. Ayer lo sembró todo y lo lógico es que se hubiese marchado a su casa. A lo mejor sospechaba de nosotros. Esperemos a ver qué hace.
Aquel hombre con gorro de paja y brazos en cruz, era el señor espantapájaros. Desde el centro del sembrado, vigilaba para que los pájaros no se comieran los guisantes. Tenía una chaqueta de color rojo con algunos remiendos, unos pantalones azules y una cuerda por cinturón. Su cuerpo estaban relleno de paja y su cabeza era una redonda calabaza. Dos botones negros, eran sus ojos y un rotulador de color rosa, había pintado su boca y sus mejillas. Sobre la calabaza, una peluca rubia hecha con mazorcas de maíz secas, hacía que pareciera que tenía una bonita melena bajo su gorro de paja.
-Yo creo que esto es muy raro –protestó el estornino valiente –llevamos aquí más de una hora y no se ha movido del sitio. Quizás esté dormido. Yo voto porque bajemos rápido y nos comamos todos los guisantes que podamos.
Aunque algunos no estaban seguros, el hambre apretaba y decidieron bajar. Cuando estaban ya cerca del suelo, una ráfaga de aire hizo que la chaqueta roja del señor Espantapájaros se moviese con insistencia, haciendo que el grupo abandonara el lugar y se marchara hacia otro lugar para alimentarse.
Aunque los espantapájaros no son personas en realidad y no pueden moverse, a veces el viento se alía con ellos y parece dotarlos de vida. Incluso ese día, el señor Espantapájaros parecía sonreír por haber conseguido que los pájaros, no se comieran los guisantes que con tanto mimo había sembrado el hortelano.

2 comentarios:

  1. Mira por donde, en esta ocasión el espantapájaros cumplió su función. Vivo cerca de un colegio en el que hay un gran jardín, que utilizan todos los días, sobre todo en el verano, miles de estorninos, por lo que el espectáculo de ver las grandes bandadas al atardecer volviendo de sus lugares de " pastoreo ", está asegurado.
    Saludos

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  2. Cierto, es todo un espectáculo!!!

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