LOS ANIMALES EN LA CULTURA POPULAR DE LA PENÍNSULA IBÉRICA

LOS ANIMALES EN LA CULTURA POPULAR DE LA PENÍNSULA IBÉRICA

En este blog, puedes encontrar algunos fragmentos de nuestra cultura popular relacionada con los animales de la Península Ibérica. Así mismo, espero tu colaboración con aportes de aquello que conozcas sobre el tema. Refranes, dichos, leyendas, mitos, poesía, canciones... serán incluidos en la reedición de mi libro Las aves ibéricas en la cultura popular.

domingo, 18 de enero de 2015

El Ratoncito Pérez

Entre todas las historias del ratón Pérez, ésta sin duda es la más tierna. En ella se da valor a la amistad y al compañerismo y eso hoy, es muy importante. Os dejo esta particular versión de la historia del ratoncito Pérez y la verdadera historia que inventó el padre Coloma en Madrid, hace unos pocos años ya.


"Esta historia comenzó en el fondo del mar, dónde habitan las más extrañas criaturas, donde los peces parecen plantas y las plantas aparentan ser animales. Es allí, en aquel lugar encantado donde vivía una ostra.
Esta ostra como todas las demás ostras, se pasaba los días y las noches trabajando en construir una perla. Ella quería que fuera la perla más hermosa, más brillante y más blanca que nadie hubiera visto jamás.
Una mañana cualquiera, cuando la ostra se despertó, se dio cuenta de que su perla ¡había desaparecido! Después de buscarla infructuosamente, su amigo el pulpo la halló llorando.

-¿Por qué lloras? –le preguntó

-He perdido mi perla y no puedo hallarla –respondió la ostra

-Voy a ayudarte –prometió el pulpo

El pulpo subió a la superficie y entre la espuma de las olas halló a su amiga tortuga, ésta a su vez, encontró a su amigo el ratón, que se hallaba tomando el sol en la playa. Así uno tras otro, se comprometieron en ayudar a su amiga ostra.

-¿Cómo es una perla? Preguntó el ratón cuyo apellido era Pérez.

-Es blanca, pequeña, dura y brillante -respondió la tortuga.

El ratón buscó y rebuscó entre la arena hasta que encontró una moneda de plata blanca, dura y brillante, pero era muy grande… Luego encontró un botón blanco y brillante pero no era tan duro, ya que pudo romperlo con sus dientes. Más tarde encontró una piedra, que era blanca y dura, pero no era brillante.

Muy triste volvió a su casa, sin saber como ayudar a la ostra.

El Ratón Pérez vivía en un agujerito en la habitación de un niño y para animarse un poco decidió pasearse entre los juguetes, mientras el niño dormía.

De repente encontró lo que buscaba: sobre la almohada había un dientecito que el niño había perdido unas horas antes, era ¡blanco, duro, pequeño y brillante! El ratoncito lo tomó entre sus manos y lo miró maravillado, pero no quería llevárselo sin dejar nada a cambio.

Buscó entre sus bolsillos y encontró la moneda de plata que había hallado en la playa unas horas antes y la dejó allí… a cambio de su tesoro.

El ratón corrió a la playa y le dio el diente a la tortuga, la tortuga al pulpo, y el pulpo a la ostra. La ostra se sintió feliz, lo cubrió con su concha y finalmente pudo dormir tranquila.

Desde entonces Ratón Pérez recorre las habitaciones de los niños recogiendo dientecitos y los lleva a la playa donde las tortugas los reciben. Ellas se los dan a los pulpos, quienes a su vez se los dan a las ostras que han perdido sus perlas.

Claro que a todos nos asalta una pregunta ¿quién se está robando las perlas de las ostras? y ¿dónde consigue el Ratón Pérez tantas monedas para dar a los niños?

Hemos escuchado de muy buena fuente, que Doña Ratona Pérez tiene una tienda donde vende unos hermosos collares de perlas… y quien se encarga de guardar el dinero de la tienda en el banco es su esposo el ¡Ratón Pérez!





Aunque la verdadera historia es ésta:


Se dice que su origen comienza en un cuento escrito por un sacerdote jesuita, el Padre Luis Coloma (en 1894), a quien la Corona le encargó a él escribir un cuento para el rey Bubi I -como la Reina Doña María Cristina llamaba a su hijo, el futuro Alfonso XIII- que por entonces tenía 8 años y se le había caído un diente.

La historia dice que el ratón vivía con su familia dentro de una gran caja de galletas, en el almacén de la entonces famosa confitería Prast, en el número 8 de la calle del Arenal, en el corazón de Madrid, apenas a cien metros del Palacio Real. El pequeño roedor se escapaba frecuentemente de su domicilio y, a través de las cañerías de la ciudad, llegaba a las habitaciones del pequeño rey Bubi I y las de otros niños más pobres que habían perdido algún diente, despistando a los gatos, que siempre estaban al acecho.

En el 2003 el Ayuntamiento de Madrid rindió un homenaje a este personaje de leyenda, instalando una placa conmemorativa en el mismo lugar donde el padre Coloma situó la vivienda del roedor. La historia ha sido traducida a varios e idiomas y también ha tenido bastantes adaptaciones.

Curiosamente, el cuento del Ratoncito Pérez es prácticamente desconocido por la mayoría de los españoles, pues dejó de publicarse en 1947. No obstante, se realizan reediciones cada año en países tan remotos como Japón. Incluso ha sido traducido al inglés y al francés, existiendo varias adaptaciones.


Si alguien conoce alguna vesión de este precioso cuento, le agradecería que me la pasara para incluirla en mi nuevo libro, los animales en la cultura popular iberica.

sábado, 3 de enero de 2015

LOS HIJOS DE LA NOCHE

El horizonte quema las últimas luces de la tarde. Anaranjas llamas dan la bienvenida a una luna que se ruboriza con los pocos rayos, que el sol tamiza entre las nubes de otoño. Estrellas que giran en la noche dando forma a grandes gigantes, de largos brazos y piernas.


Y mientras el Sol se escabulle, el silencio sólo se rompe por el canturreo de un mirlo que aún no quiere ir a dormir. Al mismo tiempo, ya ha comenzado el búho real (foto) a proclamar amores en la sierra, y su ronco ulular pasea por cada rincón en busca de compañera.


Es la hora en la que brujas y duendes, comienzan sus andadas. Las unas tomarán sus escobas y los otros abandonarán sus setas. Es la hora de tejones, martas, garduñas y ginetas (foto) que poco poco van desentumeciendo sus músculos para para empezar su ronda nocturna.

 
Los animales que comienzan sus andanzas cuando los humanos se recogen en sus casas, tienen un lugar determinado en la cultura popular. Lástima que ese lugar no sea bueno para ellos, pues el hombre, cuando no domina algo lo ataca y lo destruye con más frecuencia de lo deseado, rompiendo la balanza que la Naturaleza mantiene equilibrada, con depredadores y presas.


Los murciélagos, han sido vapuleados por varias creencias absurdas. Se ha pensado que traen mala suerte y que se tiran al pelo enredándose en él, teniéndose que cortar para deshacerse del molesto inquilino. Ni que decir tiene que los murciélagos no se tiran a las personas, y los de la Península, tampoco a los animales. Más reciente, es su supuesta transformación en vampiros chupasangre que entraban en las casas por las ventanas en busca de presas humanas. La industria del cine asoció al conde Drácula a estos animales y con este gesto orientó el odio de las personas hacia ellos. Solo un apunte: los murciélagos no atacan a las personas y son muy beneficiosos por el control de insectos que realizan, no se olvide.

Algunos pequeños carnívoros también han sido perseguidos habiendo sidos metidos en ese saco con el nombre de "alimañas": ginetas, garduñas (foto), martas, tejones, comadrejas, turones...
En algunos lugares del norte peninsular, se piensa que las comadrejas son venenosas y que la mordedura de una nos llevaría sin lugar a dudas a la tumba: "Se te morde a donicela, toma pan e toma vela que mañá te darán terra" (Si te muerde la comadreja, toma pan y toma vela que mañana te darán tierra)
Los tejones, fueron cazados para aprovechar su pelo para fabricar brochas de afeitar. En algunos lugares de Andalucía, se cree que existen dos tipos de tejón, el de garra y el de pezuña. Según los más viejos, el de garra no se comía y el de pezuña sí. Probablemente, el de garra sería nuestro tejón y el de pezuña, el jabalí.





Las ginetas (foto), se cree fueron introducidas por los árabes en nuestro pais, acompañándolos como animal de compañía a modo de gatos. Animales que controlaban ratas y ratones de los graneros. Con el tiempo descubrieron al gato doméstico y éste desplazó a la gineta. El motivo, como le ocurre a la mayoría de los mustélidos, es que sus glándulas anales resultarían demasiado apestosas mientras que no ocurre así con los gatos. Liberadas, se asilvestraron y adaptaron a la vida en nuestra Península donde mantienen a raya ratas, ratones y lirones principalmente. Pero son cazadas porque su belleza hace que queden muy bonitas encima de la televisión del salón junto al zorro con la perdiz en la boca y la liebre disfrazada de cazador con su canana. La incultura no tiene límites.




Quizá uno de los carnívoros más perseguido por el hombre es el zorro (foto). Astuto y oportunista, no deja pasar la oportunidad que le brindan los granjeros descuidados si hay gallinas de por medio. Aunque si están a buen recaudo, el zorro no puede hacer nada. Esta es la razón principal de su matanza indiscriminada, aunque también su piel para empellejar pellejudas señoras mayores, su cola para adornar de manera hortera coches de quien le diera muerte, colgando del espejo retrovisor o porque hay que controlar su número que nosotros, los humanos, los listos de la Tierra, nos encargamos de descontrolar.



 Pero si hay un zorro bonito, ese es el carbonero (foto), nombre que reciben aquellos de pelaje oscuro y que son bastante raros.
Una cosa curiosa es que el hombre le ha llamado por diferentes nombres, evitando llamarle zorro, con la creencia de que con solo pronunciarlo era motivo suficiente para atraerle. Así encontramos nombres como mariquito, raposo, raboso, rabudo, garcía, señorita, vulpeja, siete lanas, rapiegu, pedro, juanico, o do rabo....entre otros. 
Se le cree capaz de hacerse el muerto cuando es sorprendido dentro de un gallinero al que, dicho sea de paso, accedió por descuido de sus dueños, aguantando patadas y de todo. Una vez que el ambiente se relaja y se produce un descuido, zas!!! cobra vida y ¡pies para que os quiero! En realidad no es más que el miedo al hombre y verse sorprendido el que le hace quedar paralizado. Sin embargo,los que lo vemos con ojos de amante de la Naturaleza, de aquello que te rodea y que deberíamos estar obligados a traspasar a las generaciones venideras intacto, disfrutaremos de un animal absolutamente precioso.


También las rapaces nocturnas recibieron lo suyo. El hecho de vivir por la noche y que sus cantos no son los más agraciados entre las aves, provocó que rápidamente fueran asociadas con el maligno. Así, en la película de los Santos Inocentes, veíamos como Azarías, el pariente de los guardeses con algo de retraso mental, salía cada atardecer a "Correr el Cárabo" (foto). En muchos lugares se pensaba que Dios era pastor de ovejas y el demonio de cabras. Y convertido en cárabo, cada noche le pregunta a Dios que donde se las ha escondido haciendo una onomatopeya con su canto "Passstoorrrrr, has has visto a mis cabrassssss?". En algunas zonas de Aragón recibe el nombre de cabrero o cravero.

Quizá la peor parada entre las rapaces nocturnas ha sido la lechuza común. Muy conocida por todos, grandes y pequeños, ha sido perseguida por que se le asocia, a ella y su canto, con la capacidad de predecir la muerte de algún vecino, concretamente del que habita en la casa sobre la que se posa y canta. Esto se creía a pies juntillas y así reza este refrán gallego: "Cuando la curuxa va a lugar, grande o chico se ha de llevar". Tontamente, las crucificaban en los graneros con la convicción de que así se verían protegidos del rayo. Hay que estar muy aburrido para llegar a esta conclusión. También, pensaban que robaban el aceite de las lámparas de las iglesias, que lo sorbían. Esto se debe que su canto parece el sonido de alguien sorbiendo, aunque normalmente, eran los sacristanes los que lo robaban y culpaban al ave que inocentemente, revoloteaba quizá entre las lámparas en busca de alguna polilla. De ahí el refrán: "no hay lechuza aceitona ni lechuza que no sea ladrona"

Otros perseguidos y exterminados por sistema son los sapos. A pesar de ser animales beneficiosos para el hombre como controladores de insectos, se les ha colgado algún que otro San Benito que ha provocado que se les dé muerte sin ningún tipo de reparo. Se piensa aún hoy que los sapos, si te escupen, te dejan ciego. Primero, los sapos no escupen y segundo, no te dejan ciego. Quizá si los manipulas con las manos y después te llevas las manos a los ojos, se te irritarán. Eso es por las toxinas que expelen por la piel como medida de defensa ante sus depredadores, pero que no nos van a dejar ciegos. En ciertas zonas, se pensaba que eran mascotas de brujas y eran aplastados sin pensarlo y en algunas zonas, se clavaban sobre las puertas de los pajares y cuadras para preservarlos del rayo. No sé a quién se le ocurriría semejante brillantez. En la foto un sapo corredor.

Salamandras que son llamadas "madres del fuego" porque se piensa que nacen de las cenizas de una hoguera por el color de su piel, sobre todo la subespecie "morenica" de Sierra Morena que no solo luce el negro y amarillo típico, sino que añade el rojo del fuego intenso.

Para terminar, os recuerdo que estoy con la reedición de mi libro: "Las aves ibéricas en la cultura popular". En esta ocasión se llamará "Los animales ibéricos en la cultura popular" y no sólo tratará de aves sino que entrarán todo tipo de animales que viven en nuestra Península, mamíferos, reptiles, anfibios, insectos... En él, recojo dichos, leyendas, historias, cuentos, refranes, canciones...con los animales como principales protagonistas. Si tenéis algún documento que pudiese encajar en el perfil, sería bienvenido para incluirlo en la recopilación pues, recordad que lo que no apuntemos ahora, acabará por perderse y que, cuando nos deja un abuelo, se pierde una enciclopedia viva.
Me lo podéis enviar a mi correo ajpestana@hotmail.com.
Y sobretodo, no dejéis que nuestras creencias sin fundamento, den al traste con el equilibrio que tan celosamente guarda la Naturaleza y sus criaturas.






lunes, 18 de agosto de 2014

LOS ASTUTOS FANTASMAS DE LA NOCHE.

En la Península Ibérica, la astucia de los animales nocturnos bien sería representada por el zorro. Listo, cauto, osado, travieso...
En el medio rural, piensan que es tan inteligente, que con sólo nombrarlo es capaz de ser atraido. Por lo tanto, evitan decir la palabra zorro y lo llaman de maneras muy diferentes y muy curiosas:
Mariquito, gandano, María García, raboso, raposo, vulpeja, rapiega, xan, amigo, bicho, perico... y a los de pelaje oscuro como el de la foto, se les llama carboneros.

El oscuro manto de este joven zorro lo hace mas aliado de la noche si cabe. Jugando con las sombras, con el claroscuro de las ultimas horas de la tarde, pasea furtivo iluminado por la luna.

Se piensa que son tan listos, que cuando se siente atrapado, es capaz de hacerse el muerto incluso conteniendo la respiración. Cuando el humano se aleja de su lado y se ve con posibilidades de escape, recupera "milagrosamente" la vida y se va como alma que lleva el diablo.
Se cree que nunca caza en los corrales que están junto a su madriguera. Con esto consiguen que nadie sospeche que vive en la zona.

Este joven zorro de pelo negro, de largas patas oscuras y de mirada penetrante, se alía cada jornada con la noche que le cubre con su capa para acompañarle en sus correrías. De costumbres casi fijas, cada atardecer asoma su afilado hocico por el hueco de la covacha que lo acoge para saludar a su amiga la luna, que le guiará de un lado a otro a través de los olivos y campos de cereal de la campiña cordobesa. Pasada levemente la media noche, se acerca al cortijo para atrapar los grillos que son atraidos por las farolas de la era. Un ir y venir de carreras cortas y rápidas persecuciones para atrapar un alimento que le proporciona buena energía. Después, una visita a la higuera próxima a "recolectar" los higos maduros que cayeron durante el día. Y así, la noche avanza y con ella su experiencia con la vida, aprendiendo a leer los aromas que le trae el aire que ha paseado por sierras, lomas, arroyos y barbechos, hablándole de sustento, de ricos manjares, de futuros compañeros, de amores...y de quien ha de esconderse y evitar para poder pasar los genes de tan precioso pelaje. Suerte cachorro!!

En algunos lugares, se evitaba nombrar el rabo del zorro, llamándole jopo, pues se pensaba que toda la maldad del animal se concentraba en esta parte del cuerpo. También era símbolo de mala suerte cruzarse con uno de ellos por la carretera.


 En el rico refranero español, no podía dejar al zorro sin un lugar preferente, como así lo demuestran algunos de estos ejemplos:

La zorra suele predicarle a las gallinas: hermanas mias.
- La zorra se conoce por la cola.
- Lluvia y sol, bautizo de zorro. 

- La zorra cambia de pelo pero no de genio.
- Más sabe el zorro por viejo que por zorro.

- Cuando la zorra predica, no estan seguros los pollos.

martes, 24 de junio de 2014

La inteligencia de los alaudidos.

A esta familia pertenecen una serie de aves que se caracteriza sobre todo por un plumaje discreto que les ayuda a pasar desapercibidas en las zonas abiertas que es donde suelen vivir la mayoría. En ocasiones se las ve posarse en el suelo y suele costar localizarlas si se pegan al suelo.
Cogujadas, alondras, totovías, calandrias y terreras son las representantes de la familia en nuestra península. 
En la cultura popular siempre han tenido su hueco, normalmente por lo llamativo y variado de su canto. Usadas como animales de compañía en una triste y diminuta jaula de madera con un balconcillo aún se las suele ver en las ventanas de las casas. Pobres animales que les cambian una amplia campiña por unos centímetros cuadrados de madera enrejada.

Las cogujadas.
Encontramos dos especies en la Península, la común y la montesina.
En la foto una común. En la cultura popular, dicen que es un ave muy astuta y que es capaz de adivinar cuando alguien se le acerca con malas intenciones. De hecho hay varios cuentecillos repartidos por Andalucía en los que una madre descubre como sus pequeños son listos desde jovencitos.

De la Alpujarra (Granada)
“Cuando la madre ‘totovía’ enseñaba a sus hijos su sabiduría, les enseñaba también como convivir con los hombres. Una vez les dijo: ‘Si os encontráis con un hombre, y éste os ve y se agacha, salid volando, pues es para coger una piedra y tirárosla’. Pero entonces, y haciendo alarde de esa inteligencia de aláudido, dijeron los hijos: ‘Vale, pero ¿y si el hombre ya trae la piedra en la mano?’.
Moraleja: Los hijos sabían más que la madre.”

Aunque también nos encontramos en algunas zonas dichos que ponen en envidencia esta supuesta inteligencia y en los que hacen referencia a su mala memoria. Así en Cabra (Córdoba), donde reciben el nombre de "vejetas" dicen: "Si fueras vegeta estarías todo el día buscando el nío (nido)".

Entre sus nombres vernáculos tenemos "cujá, cuvujá, cuguta, coguta, veeta, vejeta, cuá moñúa, totovía..." El de vejeta le viene del moño, que parece el pañuelo que llevaban las viejecitas antiguamente cubriendo la cabeza.

En la foto una montesina. La diferencia es mínima, en la común la mandíbula inferior es recta y algo convexa en la montesina. Además de tener la última el moteado del pecho más marcado.
El canto de estas Córdoba algunas como estas:

De Priego de Córdoba (Córdoba)
“Tío Pepe, ¿hay liria?
Sí, pero no pega.”

De Lora del Río (Sevilla)
“Tío pepe, tío pepe, estás sembrando maíz
¿Para quien? Para mí, para mí.”

Del valle del Ricote (Murcia)
Tutuvía, ¿quien te puso el moño?
Mi tía, mi tía…
 
Otra representante de la familia es la calandria.
Suele cantar en vuelo, normalmente en círculos o cernida durante varios minutos, llegando a imitar notablemente a otras especies. Si cerramos los ojos cuando una calandria está cantando, puede darnos la impresión de que estamos rodeados de varias aves de diferentes especies.

Al igual que sus primas las cogujadas, también tiene abundantes onomatopeyas con su canto. 
De Fresno de Río Tirón (Burgos)
Atribuyen un canto al macho y otro a la hembra.
Macho: “Pastorcito nuevo que has comido la merienduca luego,
luego, luego”
Hembra: “Las miguitas del zurrón por las tardes buenas son, son, son”.

De La Nava (Palencia)
“Pastorcito, que poco pan has traido,
que largo es el día,
                                                                      tira, tira, tira”


Aunque aparece también en algunas poesías y romances, como el del Prisionero, os dejo este cuento para terminar. En otra entrada os cuento algunas curiosidades sobre el resto de la familia que se pueden encontrar en mi libro "Las aves ibéricas en la cultura popular"

                                                                       ~ Cuento ~

“De cómo iba un cazador por el campo preparando sus redes y llamando a las aves con dulces cantos para coger a la calandria

      Cuenta una historia que un cazador fue a cazar con sus redes, y cogió una calandria nada más, y se volvió a su casa y echó mano de un cuchillo para degollarla y comérsela. Y la calandria le dijo:

      -¡Ay, amigo, qué gran error haces en matarme! ¿Y no ves que no te puedes hartar conmigo, pues soy muy poca comida para un cuerpo tan grande como el tuyo? Y por ello pienso que harías mejor en soltarme y dejarme vivir, y yo te daría tres buenos consejos con los que te podrías aprovechar, si quisieras usar bien de ellos.

      - Ciertamente –dijo el cazador– me agrada mucho, y si me das un consejo, yo te dejaré y te daré la libertad.

      - Pues te doy el primer consejo –dijo la calandria– que no creas de nadie aquello que veas y entiendas que no puede ser. El segundo, que no te preocupes por lo que hayas perdido, si piensas que no lo puedes recobrar. El tercero, que no intentes nada que pienses que no puedes terminar. Y te doy estos tres consejos, parecidos el uno al otro, auque me pediste uno.

      - Ciertamente –dijo el cazador– buenos consejos me has dado.

      Y soltó a la calandria y la dejó libre. Y la calandria fue volando por la casa del cazador hasta que vio que iba a cazar con sus redes, y se fue volando directamente hacia allá por el aire, pensando si se acordaría de los consejos que le había dado y si los usaría. Y yendo el cazador por el campo armando sus redes, llamando a las aves con sus dulces cantos, dijo la calandria que iba por el aire:

      - ¡Oh, mezquino, cómo te engañé!

      - ¿Y quién eres tú?

      - Yo soy la calandria a la que soltaste hoy por los consejos que te di.

      - No me engañé, según creo –dijo el cazador– pues me diste buenos consejos.

      - Es verdad –dijo la calandria– si bien los hubieras aprendido.

      - Pero –dijo el cazador a la calandria– dime en qué me engañaste.

      - Yo te lo diré –dijo la calandria–. Si tú supieras la piedra preciosa que tengo en el vientre, que es tan grande como un huevo de avestruz, estoy segura de que no me habrías soltado, pues serías rico para siempre jamás si me hubieras cogido, y yo habría perdido la fuerza y la virtud que tengo para hablar, y tú adquirido mayor fuerza para conseguir lo que quisieras.

      El cazador cuando la oyó, se quedó muy triste y muy preocupado, creyendo que así era como la calandria decía, e iba en pos de ella para engañarla otra vez con sus dulces cantos. Y la calandria, como estaba escarmentada, se cuidaba de él y no quería bajar del aire; y le dijo:

      - ¡Oh, loco, qué mal aprendiste los consejos que te di!

      - Ciertamente –dijo el cazador– bien me acuerdo de ellos.

      - Puede ser –dijo la calandria– pero no los aprendiste bien; y si los aprendiste, no sabes seguirlos.

      - ¿Cómo que no? –dijo el cazador.

      - Tú sabes –dijo la calandria– que dije en el primer consejo que no creyeras de nadie lo que vieras y comprendieras que no podía ser.

      - Es verdad –dijo el cazador.

      - Pues, ¿cómo crees tú que en cuerpo tan pequeño como el mío puede caber una piedra preciosa tan grande como el huevo de avestruz? Bien debías entender que esto no es creíble. En el segundo consejo te dije que no te esforzaras por la cosa perdida, si entiendes que no la podías recuperar.

      - Es verdad –dijo el cazador.

      - Pues, ¿por qué tratas –dijo la calandria– de volver a cogerme otra vez en tus lazos con tus dulces cantos? ¿Y no sabes que de los escarmentados se hacen los avisados? Ciertamente bien debías entender que, puesto que una vez escapé de tus manos, me guardaría bien de ponerme en tu poder; y sería justo que me matases, como quisiste hacer la otra vez, si de ti no me guardase. Y en el tercer consejo te dije que no intentases nada que pensaras que no podías conseguir.

      - Verdad es –dijo el cazador.

       - Pues tú ves –dijo la calandria– que yo voy volando por donde quiero por el aire, y que tú no puedes subir hasta mí ni tienes poder para hacerlo, pues no lo tienes por naturaleza, y no debías intentar perseguirme, pues no puedes volar como yo.

      - Ciertamente –dijo el cazador– no descansaré hasta que te coja por engaño o a la fuerza.

      - Dices cosas soberbias –dijo la calandria– y cuídate, pues Dios hace caer desde lo alto a los soberbios.

      Y el cazador, pensando en cómo podría volar para coger a la calandria, tomó sus redes y se fue hacia la ciudad. Y encontró a un engañador que estaba engañando ante mucha gente, y díjole:

      - Tú, engañador, que enseñas una cosa por otra y haces creer a la gente lo que no es, ¿podrías hacer que pareciese ave y pudiese volar?

      - Si podría –dijo el engañador–. Toma las plumas de las aves y pégatelas con cera, y cubre de plumas todo el cuerpo y las piernas hasta las uñas; y sube a una torre alta y salta desde la torre y ayúdate con las plumas cuanto puedas.

      Y el cazador lo hizo así. Y cuando saltó de la torre creyendo volar, ni pudo ni supo, pues no era su naturaleza, y cayó al suelo, y se golpeó y murió. Y esto fue muy justo, pues no quiso creer el buen consejo que le daban; él creyó el mal consejo que no podía ser por su naturaleza.”  

 





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