LOS ANIMALES EN LA CULTURA POPULAR DE LA PENÍNSULA IBÉRICA

LOS ANIMALES EN LA CULTURA POPULAR DE LA PENÍNSULA IBÉRICA

En este blog, puedes encontrar algunos fragmentos de nuestra cultura popular relacionada con los animales de la Península Ibérica. Así mismo, espero tu colaboración con aportes de aquello que conozcas sobre el tema. Refranes, dichos, leyendas, mitos, poesía, canciones... serán incluidos en la reedición de mi libro Las aves ibéricas en la cultura popular.

viernes, 26 de julio de 2013

LOS ANIMALES IBÉRICOS EN LA CULTURA POPULAR.

Lobo ibérico (canis lupus signatus)


Si hay un mamífero que ha llenado páginas y páginas en el invisible libro de la cultura popular, ese, es sin duda el lobo. Un animal excepcional que siempre ha sido perseguido por el hombre hasta límites que han dado casi por completo con todos sus efectivos.

Todos habremos escuchado muchas veces como nos asustaban para que comiésemos con que si no, el lobo vendría y nos comería a nosotros, o que nos durmiésemos si no aparecería el lobo. Y digo yo, si va a venir el lobo, como voy a cerrar los ojos.


En el refranero encontramos muchos ejemplos con este bello animal de mirada penetrante:

- El hombre es un lobo para el hombre.
- Quién con lobos anda, a aullar se enseña.
- El lobo come de todas las carnes, pero la suya la lame.
- Más hace el lobo callando que el perro ladrando.
- Paciencia, no gruñáis, dijo el lobo a los cochinos.

También hay expresiones que están muy arraigadas en nuestra cultura:

Meterse en la boca del lobo: Entrar en un lugar que representa un serio riesgo para nuestra integridad, como si realmente uno hubiera metido la cabeza dentro de la boca del lobo. En inglés, se usa el león para el mismo dicho.
 
Menos lobos: Un andaluz llamado Pinto decía haber visto una manada de l00 lobos. Sin creer el relato, sus amigos le decían "¡Menos lobos, tío Pinto!". El hombre fue rebajando la cifra hasta reconocer que sólo había visto la cola de un animal.






También ha sido fuente de inspiración en fábulas y cuentos, como por ejemplo Caperucita. Y como muestra un botón.

El lobo y la grulla

El pobre lobo tosía desesperadamente, mientras le resbalaban las lágrimas por el hocico, pero no lograba desalojar el hueso con que se había atragantado.
-¡Socorro! -dijo con voz entrecortada y lastimera a la grulla de largo pescuezo que lo estaba observando-. ¡Socorro! ¡Tengo un hueso en la garganta!
Pero la grulla lo escudriñó con aire de desconfianza.
-¡Oh, socorro! -volvió a clamar el lobo con tono atormentado y tratando, en vano, de tomar aliento-. Te recompensaré bien si me sacas el hueso de la garganta.
Dada la promesa de una recompensa, la grulla cobró ánimos y, acercándose al lobo, metió la cabeza entre las mandíbulas de éste y con su largo pico puntiagudo, le sacó el hueso, que estaba a muy abajo.
Jadeante, el lobo exclamó, con voz entrecortada:
-¡Oh, me siento mejor! ¡Cómo duele!
-¿Y la recompensa? -le recordó grulla, saltando sobre sus largas y delgadas patas. El lobo soltó la risa.
-¡Estúpido pájaro! -dijo con voz atronadora- ¡Ya has tenido tu recompensa! ¿No te basta con haber metido la cabeza en la boca de un lobo y haberla vuelto a sacar sana y salva?
-¡Pero te he hecho un favor!- protestó la grulla.
-¡Oh, no! ¡No me lo has hecho! -dijo el lobo-. Un favor no es un favor si se hace por una recompensa.





Cuentan las leyendas gallegas, que en cada bosque había un alma en pena, un ladrón y un hombre lobo, o lobishome. 
En algunas zonas de España, a los dientes que nacen mal y deformes, se les conoce como "dientes de lobo". Cuando a algún niño o niña se le caia un diente, este se recogía y tras decir: 

"Dientecito, dientecito
te tiro al tejaito
 para que me salga bonito"

 se lanzaba con gran fuerza al tejado. Quien no cumplía con esta ceremonia infantil, le nacía un "diente de lobo"





Para acabar, sólo quiero recordar aquella despedida de uno de los programas de Félix Rodríguez de la Fuente dedicado al lobo, donde decía:
"Para que en las noches ibéricas no deje de oirse el aullido del lobo". Susguste!!!

4 comentarios:

  1. Gracias Antonio por ilustrarnos con esta entrada. Es una lastima que se vaya perdiendo parte de nuestra riqueza cultural a la par que vamos perdiendo especies de nuestro entorno y vamos perdiendo nuestra propia esencia al imbuirnos en la vida artificial que tenemos. Curiosamente se va perdiendo todo menos los miedos del subconsciente a especies tan bellas como la protagonista de tu entrada. Saludos

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    1. El pasado mes de julio salió a la venta el libro Leocadio y los lobos. Memorias de un pastor de la Sierra de Andújar, un apasionante viaje literario a través de los relatos y acordanzas de un serreño nacido en 1940 en la casilla de las Zahúrdas de Ventaquemá, el último superviviente de una rancia estirpe de pastores que se resiste a desaparecer. Testigo privilegiado de los avatares históricos y ambientales acaecidos en la sierra de Andújar desde mediados del siglo XX, escuchar a Leocadio es viajar en el tiempo a través de los recuerdos y anécdotas pastoriles propias de una cultura que agoniza, y que se pone en valor en las páginas de este libro.
      Leocadio Rueda Checa y Víctor Gutiérrez Alba (que en 2006 publicó el libro El lobo ibérico en Andalucía. Historia, mitología, relaciones con el hombre) son sus autores. La Asociación Hombre y Territorio (entidad sin ánimo de lucro con sede en Sevilla), mientras, ejerce la tarea de editor. Prologado por Javier Talegón (Llobu. Ecoturismo y Medio Ambiente), el libro contiene numerosas fotografías tanto históricas como contemporáneas procedentes de instituciones y particulares, entre los que destacan personalidades tan relevantes como Jorge Echegaray, Rubén Portas, Ángel España Báez o Francisco Contreras Parody.
      Los contenidos de la obra abarcan temas muy diversos que proporcionan a su lectura un enorme valor etnográfico e histórico: la persecución de los maquis por la Guardia Civil, las penurias de la posguerra, la irrupción de la actividad cinegética, la trashumancia, los mastines, las razas ganaderas autóctonas, los careos, las chozas pastoriles, el carboneo y los desmontes, la gastronomía tradicional, el vocabulario serreño, las romerías de la Virgen de la Cabeza… y por supuesto el mítico lobo de Sierra Morena, del que Leocadio es un gran conocedor. No en vano lleva “peleando” con él desde los seis años, edad con la que comenzó a ocuparse de las ovejas de su familia en la finca Las Pilas, como más tarde haría en Crescente, Valdelagrana, Navalonguilla, Navamuñoz, El Eucalipto o El Abogado, fincas en las que se desarrolla buena parte de este libro, además de otros lugares como Cardeña o Sierra Madrona. Este pastor de otro tiempo combatió al lobo ejerciendo de pastor: aplicando medios de defensa del ganado tradicionales que minimizan los daños, como el uso de mastines, barbacanas o la utilización de corrales y rediles para encerrar a las reses por las noches. Leocadio es la prueba viviente de que en pleno siglo XXI, la coexistencia entre la ganadería y los grandes carnívoros en Europa es posible.
      Contacto para adquirir el libro por correo postal: aelvictor@hotmail.com

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  2. Soy el lobo al acecho.

    Tácito centinela
    que controla
    tus movimientos.

    Veo en el dulce
    fluir de las aguas
    el hilván de tu pensamiento
    entretejiéndose con el mío.
    Hilando la delgada
    línea que nos une
    bajo los recuerdos.

    Por supuesto el lobo no podía faltar en alguna de mis inspiraciones poéticas.. ja. Preciosa entrada.. Un saludillo majo.

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  3. Siempre disfrutamos con tus relatos, cuentos, dichos, refranes y recopilaciones... y más en este caso, cuando el protagonista es tan bello animal que no deja indiferente a nadie.
    Un saludo de 'Ojolince y sra.'

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